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Coronavirus y nuestras mascotas

El transportín, nuestro gran aliado

Tengo que reconocer que tardé en ver las ventajas del uso de transportín. Quizás ayudó a ello que Noël hizo su largo viaje para llegar a casa en uno y luego era verlo y salir corriendo. No quería saber nada de él.

Javier, su educador, hizo una importante labor de concienciación conmigo para hacerme ver las ventajas de su utilización. La verdad, es que pasado el tiempo, he de reconocer que es mucho más útil de lo que jamás pude pensar cuando me animaba a usarlo.

El que Noël pudiera disponer de su propio espacio, donde se sentía seguro, nos ayudó mucho tanto en casa como en los viajes. ¿Imaginas poder trasladar tu espacio allá donde vayas? Ese lugar donde te sientes bien, tu propio refugio. Pues eso es el transportín para los perros. Por supuesto, si se utiliza correctamente y no como un castigo.

En estos días de confinamiento tiene un papel especialmente importante. Estamos en casa todo el día y nuestros perros necesitan su espacio, su tranquilidad. Piensa que lo más habitual es que pasen gran parte del día solos en casa y ahora «estamos invadiendo» su rutina. Poder refugiarse y alejarse de nosotros les ayuda a mantener su equilibrio.

Si  lo tienes por casa y todavía no os habéis estrenado con su uso, estas pautas que en su día me enseñó Javier te pueden ayudar:

Considéralo un truco, un ejercicio a realizar sin prisas. Lo normal es que necesitéis días para conseguirlo.

Deja el transportín con la puerta abierta. Pon su manta o cojín dentro y espera a ver que hace. Dale tiempo. Es posible que se acerque a olisquear, que le llame la atención. Es un paso importante.

Déjale dentro su juguete favorito o golosinas. Seguro que su instinto le llevará a entrar o, por lo menos, asomar la cabeza a ver que pasa.

El paso siguiente será servirle la comida dentro y esperar a que entre para comérsela. No fuerces la situación, deja que vaya yendo poco a poco.

Cuando entre con tranquilidad para comer, prueba a cerrar la puerta un ratito mientras come. Permanece a su lado haciendo algo con total normalidad -leyendo, mirando el móvil, etc.-. Tu estado de tranquilidad es esencial. Evita pensar «pobrecito» lo voy a encerrar.

El siguiente paso será esperar un momento después de que acabe y abrir la puerta.

Si al cerrar la puerta se pone nervioso es que has ido demasiado rápido. Tienes que volver atrás.  Ten en cuenta que siempre es mejor dar pequeños pasos hacia adelante, muy lentamente, que no le resulte estresante.

Si se agobia tocará volver a empezar y no será de cero, entonces los resultados serán más lentos porque sentirá desconfianza.

Entonces toca volver a jugar a tirarle las golosinas dentro.

Luego comenzar con las croquetas de su comida habitual.

Cuando eso esté controlado, cierra la puerta durante unos cinco segundos y vuelve a abrirla. Si se queda dentro tranquilamente espera un par de segundos y lánzale más croquetas a modo de premio. Cierra la puerta otra vez y alarga unos segundos más. Así paulatinamente hasta que termine su ración de comida.

Es muy importante que exista un pequeño margen de tiempo entre abrir la puerta y recibir «su premio». Si lo haces de manera inmediata puede asociar su recompensa con abrir la puerta y no con permanecer dentro tranquilamente.

Si se siente bien, verás que poco a poco entrará por iniciativa propia para sentirse cómodo y aislado, en la intimidad de su refugio. Tampoco tendrá problema en entrar cuando se lo indiques, porque es su espacio, donde se siente seguro y el que esté la puerta cerrada no será problema.

Ahí habréis llegado al éxito de este truco que te será de gran ayuda cuando, por algún motivo, y por su bien, deba permanecer dentro.

Recuerda tomarlo con mucha calma y verás, como lo he visto yo, las ventajas que os aporta.

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